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October 18, 2013
 

Xantolo, “Día de Todos Santos” en San Luis Potosí

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Del 31 de octubre al 4 de noviembre, en esta bella región del estado de San Luis Potosí, tiene lugar una de las fiestas más asombrosas dedicadas a los muertos. ¡Descubre el increíble Xantolo!

 

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Para todos los mexicanos, los días de muertos representan las festividades de mayor arraigo en el folclor popular y en el ideario colectivo de nuestra cultura, por su carácter de simbólica “restauración” de la vida material, que permite a vivos y muertos reencontrarse durante unos días para recordar con emoción y alegría, la vida y sus más secretos encantos.

En todo el país, el 31 de octubre marca el inicio de estas festividades, y en el estado de San Luis Potosí, esta fecha marca el inicio del Xantolo, cuerpo univoco de regocijo y bienvenida que durante cinco días envuelve el ambiente solemne del día de los Fieles Difuntos, transformándolo en un evento festivo donde la música, las danzas, los cantos y la comida, marcan el ritmo de la vida de los habitantes de la Huasteca Potosina.

La Huasteca Potosina, hogar de etnias como los teenek y los nahuas, celebra a sus muertos con el tradicional altar, que aquí se le llama “arco”, ya que su atributo central consiste en 4 varas de madera que se colocan en cada esquina de la mesa, representando las etapas de la vida de una persona, las cuales se doblan para formar dos arcos cubiertos por travesaños que simbolizan los ríos mitológicos por los que el alma debe pasar para purificarse.

El camino para llegar al “arco” es señalado por la flor de Cempasúchil o Cempoalxochitl, cuyo aroma y color es inconfundible, colocándose desde los cementerios hasta los hogares donde los difuntos regresarán a convivir con sus familiares y a disfrutar de las ofrendas de comida, bebida y placeres tal como lo hacían antes de su partida.

El primer día de Xantolo es el 31 de octubre, fecha en que se considera que las almas de los niños son las primeras en visitar a sus familias, por lo que las ofrendas de los arcos son alimentos que ellos acostumbraban comer, como atole, chocolates, dulces, tamales y otros elementos simbólicos que tienen que ver con el bautismo y la vida.

El día siguiente, 1º de noviembre, se hace una velación con rezos y alabanzas, se inciensan las imágenes y el altar, además de tocarse música de son, dedicada a la muerte.

El 2 de noviembre, los pobladores de la huasteca llevan ofrendas a los panteones, adornando las tumbas con flores, las cuales son renovadas hasta el último día del mes para despedir a las almas que han venido de visita.

Adicionalmente a esta manera de celebrar a los muertos en la Huasteca Potosina, cada población de la misma añade elementos que le dotan de mayor o menor sacralizad a la fiesta, aunque todas mantienen un respeto muy especial hacia dicha celebración.

En Axtla de Terrazas, se lleva a cabo una ceremonia de cambio de bastón de mando entre los ancianos de la región, mientras que en Coxcatlán se añaden juguetes a los arcos para el 31 de octubre. En San Antonio, se emplea la música de viento para aderezar la velada de los 3 días de difuntos.

En San Martin Chalchicuatla se hace la ochavada, es decir, una tamalada para toda la comunidad ocho días después del fin de las festividades, mientras que en Tamazunchale, Tanlajas y Tancahuitz convergen distintos tipos de danzas y adornos en los altares, matizados con la particularidad de las lenguas que se hablan en cada comunidad.

Fuente: México desconocido

 

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Fotos: Gonzalo Hernández Araujo

 

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Vivos y muertos están de fiesta… Vive esta festividad única y originaria de la Huasteca Potosina.

Desde hace aproximadamente más de 3 mil años, en México se lleva a cabo una fiesta que devuelve a la vida su complemento inexorable. Una ceremonia que reúne a vivos y muertos en un banquete que se desarrolla a la luz de las velas, entre humores de copal y flores de cempasúchil. Es el Día de Muertos, tradición prehispánica que se fusionó con el católico Día de los Difuntos (celebrado el 2 de noviembre) creando un ritual catalogado por la UNESCO como Patrimonio Mundial de la Humanidad: un tiempo mágico que transcurre abriendo un puente entre éste y el otro mundo, mediante el cual los difuntos pueden compartir la mesa con sus seres queridos.

A diferencia de otras regiones, en la huasteca también se conoce a este día como la fiesta de Xantolo, vocablo trastocado por la fonética de las lenguas indígenas, que proviene del latín sanctorum (todos los santos). En los pueblos de esta zona se acostumbra a ir a los panteones a montar altares junto a las tumbas de los familiares. Ahí se coloca un gran arco de flores de cempasúchil y olotillo sobre una mesa rectangular, en cuyas esquinas se ensamblan varas de madera que representan las cuatro etapas de la vida de una persona (infancia, adolescencia, adultez y vejez). Éstas, a su vez, se tuercen para formar dos arcos cruzados que simbolizan el paso por los siete ríos donde se purifican las almas.

Fuente: Turismo SLP

 

Fiestas de Xantolo

“Festividad de Todos Santos” es el primer día de noviembre, fecha instituida en el calendario gregoriano por el Papa Bonifacio IV. El día 2 señala en el calendario como “Conmemoración de los fieles difuntos”, aunque desde luego, los “infieles también tienen derecho a serlo.

El respeto y el recuerdo de nuestros difuntos ha venido haciéndose en el mundo, y desde tiempo inmemorial en fechas muy diferentes. Hemos conocido por los indicios arqueológicos encontrados en las sepulturas rituales que se encuentran en Asia, América, África y Europa, huellas que señalan características del personaje sepultado y muestras evidentes de que ha habido un sentimiento religioso y preocupación por las personas después de fallecidas.

Los mexicas o aztecas en nuestro país, durante su hegemonía, eran considerados como “el pueblo de la muerte”. Su filosofía acerca del tema de la muerte y de la inmortalidad, está plasmada en un sinnúmero de poemas como el siguiente: “Solo venimos a soñar, solo venimos a dormir, no es verdad… que venimos a vivir en la tierra”. ¿Acaso en verdad se vive en la tierra? . No para siempre en la tierra, solo un poco aquí”.

En estos poemas se ve que para el poeta mexica, no es mas que un momento pasajero; la muerte es una especie de despertar del sueño, y la vida cierta está “Más allá” . Tal vez por eso el mexicano toma la muerte a veces en broma. La misma canción dice: “Si me han de matar mañana, que me maten de una vez, o, “La vida no vale nada “.Así nacieron las famosas “calaveras”, que son versos alusivos al prójimo remarcando costumbres sobresalientes o dándoles un toque humorístico y a veces ofensivo.

En el calendario de los aztecas existían dos meses dedicados a las festividades de los muertos. Uno era el noveno mes, la fiesta de los niños fallecidos. El décimo mes era para los muertos adultos. Con la conquista por los españoles, la tradición fue mezclada con la doctrina religiosa que trajeron y las ofrendas originales que se acostumbraba colocar junto con el cadáver, fueron transformándose en su calidad y cuantía hasta llegar a las que actualmente se usan.

Se tiene la creencia que en estos días los difuntos regresan inmaterialmente del “más allá” para visitar a sus familiares que han quedado en la tierra, por lo que estos se preparan para esperarlos y brindarles la recepción en la mejor forma posible. Las ofrendas y otros preparativos significan un gasto extraordinario; pero todo mundo los afronta. Los jornaleros solicitan préstamos a cuenta de sus futuros trabajos, los agricultores a cuenta de sus productos, pero lo interesante es que todos quieren participar en la festividad.

Los altares antiguos fueron transformándose paulatinamente de simples mesas hasta convertirse en los espléndidos “arcos” actuales armados con madera rolliza forrada con palmilla o “limonaria” y cubiertos generalmente con flor de “cempoalxochitl” o sea que en la lengua náhuatl quiere decir “veinte flores”. Flores en ramos o cadenas llamadas “rosarios” donde sobresalen, superpuestos en su color amarillo naranja, pequeños ramos también de “olotillo” morado o “mano de león” del mismo intenso color. Tanto éstas flores como otras que se usan, se han seleccionado por su resistencia a marchitarse, ya que van a estar durante una semana o más. El “cempoalxochitl”, por reste motivo, se le ha llamado “flor de muerto”.

Los días 29 y 30 de octubre, las calles y plazas se llenan de vendedores de estos adornos y la gente se aglomera desde temprano a comprarlos. También concurren a vender varas de madera, así como la famosa cerámica de Chililico Hgo., en multitud de candeleros y pebeteros para las velas o copal, de vistosos y múltiples colores. De otras partes provienen a vender cazuelas, jarros, platos, tazas y diferentes tratos más.

La fecha para quietar los arcos son el día 30 de noviembre “día de San Andrés” que es cuando las ánimas se van y retornar hasta el año próximo.

Las tiendas se surten de cacao y azúcar porque todo mundo se provee de ellos para elaborar las “tablillas” de chocolate envueltas en “papel de China” de surtidos colores. Las panaderías trabajan horas extras para surtir con “pan de muerto” y otras clases a las familias, muchas de las cuales también elaboran su propio pan, así como los indispensables y populares tamales, tan esperados que mucha gente dice “ya vienen los tamales” cuando ésta fecha se aproxima.

En el “arco” o “altar” se colocan las ofrendas desde el día 31 en la mañana, porque precisamente a las 12 del día “arriban” las almas de los niños a “disfrutar” de la ofrenda consistente en pan, chocolate, frutas, galletas, pastelitos, y toda clase de golosina, además, o mejor dicho, principalmente, los tamales de “zarabanda” (sin carne. “caminitos” de pétalos de flores se hacen desde el altar hasta la calle para que los “viajeros” identifiquen su antigua morada. Las velas o veladoras son colocadas oportunamente y el rociado del incienso se hace precisamente a esa hora. Por diferentes rumbos del poblado se oyen las explosiones de los cohetes y humo se observa por todas partes, todo ello como signo de contento y alegría por su “visita”.

El 1 de noviembre, también a las 12 del día, nueva y mayor algarabía de cohetes porque a esa hora “se van los angelitos”y “llegan los adultos”. Los altares se surten previamente de manjares para los “grandes” especialmente tamales ya de chile y de carne, para recibirlos con esplendidez y cariño.

El día 2, igualmente a medio día, nuestros difuntos “nos dejan” y son despedidos con otra salva de cohetes. En la tarde las ofrendas son puestas en pequeños cestos o charolas y enviadas a familiares, para llevarles comestibles, música a veces, velas, veladoras, flores y coronas, así como oraciones y recuerdos gratos.

Algunos pueblos como San Martín Chalchicuautla, San Felipe Orizatlán Hgo. Guardan esta hermosa tradición donde se organizan un conjunto de disfrazados que recorren las cales bailando sones y llevando al frente al “diablo”, que maneja un enorme látigo, “chirrión” haciéndolo sonar con estruendo, esta modalidad también ya se practica en Tamazunchale.

Finalmente esta creencia, legado de nuestros antepasados, es una tradición que amalgama nuestro sentimiento regionalista, de unidad de respeto, y afortunadamente es un valor de identidad de nuestras raíces de las cuales debemos sentirnos orgullosos, por lo que vale la pena, es que a través de esta costumbre nos hace desafiar a la muerte convivir con ella.

Día de muertos en la huasteca potosina no es un ritual aislado, es una ceremonia de temporada, donde la sensación de estar con los muertos es real y palpable, a través de una interesante representación de costumbres y usos en la gente, en una cosmovisión por la eternidad.

Los pueblos de la huasteca iluminan con elementos naturales, la oscura pausa entre la vida y la muerte, pero además han mantenido la costumbre de contactar a los difuntos al presentar ofrendas, ritos mitológicos, mezclados con religión y sabiduría pagana, para darles tranquilidad y descanso en el inframundo.

Distintas son las tácticas ceremoniales diferentes los elementos usados, los objetos, utensilios, palabras y rituales por cada etnia, población y en cada familia sobre todo en la amplitud de los gustos, los oídos, los colores.

Así, la huasteca potosina se viste con mosaicos coloridos, para crear una colección de obras populares, donde lo más importante es venerar ala vida desde la tierra o la realidad misma, después descanso eterno.

La tradición inicia en la humilde vivienda del habitante indígena en aquel momento antiguo de venerar a los antepasados para estar en agrado con ellos ofreciéndoles el mismo alimento de los vivos como el pan de maíz, agua, tortillas y miel.

Los guerreros aztecas cuyos descendientes son la etnia náhuatl del sur de la huasteca, al realizar el rito a los muertos han ofrecido flores de cempasúchil, queman copal, velas de cera natural y de alimento, el tradicional violín a quienes murieron en combate con honor y valentía por sus pueblos.

De igual manera en los estados de Hidalgo, Querétaro, Tlaxcala, Puebla y muchos más, como en San Luis Potosí en Tamazunchale, Matlapa, Tancanhuitz, Xilitla, entre otros, los rituales se inician desde el séptimo mes para honrar a los niños difuntos y el noveno para los adultos, además al empezar el mes de octubre presentan sus altares ceremoniales y en noviembre acuden con sus viandas de alimentos, al camposanto en cada localidad, para convivir con sus ancestros, cantarles y danzar al son de la música tradicional.

Durante las noches del 1 y 2 de noviembre, los comentarios de la zona náhuatl vuelven a la vida con la presencia de los familiares de los difuntos, cuando queman copal, beben licor de frutas como el maracuyá, el jobito y los curados, pero principalmente por acercarse a honrar a quienes les dieron la cultura y la vida.

Entre los huastecos tének: el ritual ceremonial de los muertos se, desarrollan en los santuarios sagrados, en ciudades religiosas, donde las deidades eran veneradas junto con los dioses de la muerte, de la reencarnación y de la noche.

os antiguos huastecos veneraban la dualidad cósmica. La vida y la muerte unidas, como la imagen misma de la Apoteosis, máxima diosa de la dualidad, en un mismo altar y así también, los descendientes veneran a sus muertos como si estuvieran vivos.

La antigüedad en el rito a los dioses paganos, los tenek ofrendaban doncellas, la vida de guerreros valientes, animales y figuras, mientras que a lo muertos les llevaban comidas y bebidas clásicas, sabores, aromas y flores regionales, para honrarlos y satisfacerlos.

Los ritos de la actualidad, en la huasteca tének son realmente una mezcla de tradición y religiosidad católica, que inician 9 días antes del día de fieles difuntos y todos santos. Con una novena o rosario católico, además de plasmar otros conceptos en el arco tradicional.

Los elementos son plasmados desde la vereda misma de pétalos de flor de muerto que conduce alas almas de difuntos al altar, mientras ese sitio sagrado se coloca afuera del jacal bohío, donde vivió el honrado, hasta un arco cubierto de palmilla, flores amarillas y rojas, para tener la sensación de la naturaleza, aun después de fallecer.

Los huastecos actuales colocan elementos naturales dentro del altar, un vaso de agua para quitar el amargo sabor de la muerte, café licor para la alegría, velas de cera encendidas para iluminar el sendero hacia el altar, pan, dulces gordas de maíz y frutas de la temporada para mitigar el hambre, los cuales se dejan algunas horas y son renovados cuando la familia toma alimentos. Sumamente importante es la entrega de las ofrendas, de los panecillos, tamales o dulces, los cuales son incensados con un humo de copal, luego de varios rezos y ruegos por el eterno descanso de las almas.

Además, los altares y ofrendas son variantes, dependiendo del tipo de vegetación y flores de cada lugar y las frutas que tienen y los gustos mismos de la familia o de los difuntos venerados, aunque también por las imágenes de santos católicos y la representación en la virgen de Guadalupe en cada sitio.

Los rituales no se reducen a los altares no también se extienden a los panteones, a las calles y plazas de los pueblos con la presentación de danzas ceremoniales, la presentación de deidades, de los demonios y de los males actuales, en un singular burles qué de la vida por la muerte.

Cada año los grupos de danzantes aparecen en calles y plazas, en panteones y viviendas, para representar a los males con mascaras de dioses paganos del mal, semidesnudos y cubiertos de cenizas para burlarse de la muerte, reírse del miedo y disfrutar el momento, con música tradicional y lenguaje del ritual.

La influencia de las imágenes extranjeras, de los ritos de monstruos, brujas y figuras mitológicas de otras culturas, en nuestra región, están quedando atrás se han ido eliminando y gracias al despertar del magisterio se esta transmitiendo la tradición ritual del día de muertos, a las nuevas generaciones de alumnos vivos, en una gran labor de rescate de nuestras costumbres. La ceremonia del rito a los muertos es bellísima en la huasteca…Rescatarla, preservarla y cultivarla es una labor popular.

Fuente: tamazunchale.jimdo.com





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